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Para aquellos que amamos y recordamos.

La muerte es lo único que tenemos seguro en esta vida. Sin embargo, no importa cuan anunciada sea, nunca es fácil asimilar la perdida de un ser querido.

La muerte ha sido parte de mi vida desde muy joven, recuerdo el día en que una de mis tías falleció justo minutos antes de que llegara de la universidad. Recuerdo que fui a ver si cuerpo inerte e inmediatamente fui a mi recámara e intenté hacer un homenaje a ella tocando una canción en la flauta. A lo largo de los años e intentado rendir homenaje a las vidas de aquellos que han partido de esta tierra. Pero, ¿que sucede cuando esa partida es prematura, repentina y llena de ilusiones rotas y cuestionamientos? Hace un par de años, unos muy queridos amigos nuestros perdieron a su bebé a solo días de llegar a la fecha de término.

Ese embarazo se vio interrumpido por dolor, preguntas y un gran gran vacío. Recuerdo entonces que mi amiga me pidió si podía hacerle una caja de madera decorada para guardar unas cosas de su nena que no llegó a conocer la vida mortal. Inmediatamente me puse a buscar los papeles más bonitos, traté de hacer un homenaje a una vida no vivida.

Cuando entregué la caja, la mami estaba agradecida de ese obsequio y me sentí útil al haber ayudado a esa joven familia a poder cerrar el círculo y despedir a su hija al tiempo que conservaron las ilusiones que acumularon durante 9 meses en el tiempo de la espera para conocerle. Me sentí muy humilde de haber podido aportar un poco en ese proceso de duelo ante la perdida tan prematura de su hija. Cómo admiro a todos mis amigos que han tenido que ver partir a sus hijos.

Como algunos sabrán, el año pasado Jos y yo tuvimos la fortuna de quedar embarazados, y si, mi bebé nació en pleno inicio de la Pandemia. Tener un hijo no es fácil de inicio, en estos tiempos de incertidumbre ha sido muy desafiante y a la vez maravilloso. En esta época de aislamiento, una de las cosas que me brindaba ilusión y esperanza era saber que el encierro terminaría tarde o temprano, pero que mi bebé tendría a un amiguito con quién jugar y que una de mis mejores amigas y yo podríamos criar juntas, al fin, a dos varones muy cercanos en edad. Vivimos unos pocos meses de embarazo juntas, la sosobra de parir en medio de la Pandemia era un tema en común en nuestras llamadas teléfonicas y por video. Tristemente este pequeño tampoco conoció este mundo bello y caótico. Mi querida amiga, perdió a su bebé a semanas de llegar a su fecha de parto. El dolor fue grande. Se que para ella fue difícil, está vez lo viví más de cerca. Me sentía destrozada, porque ahora sabía lo que implicaba esperar a un bebé y no podía imaginarme no poder llegar a conocer a ese bebé que había sentido en mi vientre por tantas semanas. Así que mi amiga me pidió un favor. Si podía hacerle una caja para guardar sus recuerdos, aquellos que decidiría conservar, para deshacerse de todo lo demás que aún le seguía lastimando. El proceso fue más largo, ahora con un bebé en casa, me es más difícil tener tiempo para crear. Pero ésta vez, como la anterior lo hice con mucho cariño, pensando en brindar un homenaje, a este espíritu maravilloso, que no necesitó conocer esta vida, pero que es amado, es recordado por ser tan valiente en escoger una época cómo está para nacer…aunque haya nacido sin vida.

Este proyecto es muy especial para mí, como todo lo que hago siempre se lleva una parte de mi, porque está no solo hecho a mano, sino está hecho con el corazón.
Grabé un poco del proceso, les comparto el video aquí.

Si han tenido alguna perdida en estos tiempos tan difíciles. Me uno en su dolor. He visto, a la distancia, partir a tantas personas en tan poquito tiempo. Pero ésta vida no vivida, de este pequeñito, me llegó profundo. Tal vez porque ahora soy madre y puedo ahora sí, imaginar un poco el dolor y comprender el vacío…un vacío que aunque no comparable yo viví por casi 10 años.

Estas cajas, han ayudado a mis amigas en su proceso de duelo y sanación y si en algo puede servirles la idea, por eso la comparto con ustedes.

Gracias por leerme

Rebe


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